La publicidad digital se ve amenazada con la introducción de software y aplicaciones que permiten a los usuarios bloquear los mensajes publicitarios.

Para Doc Searls, uno de los autores del “Cluetrain manifesto“, estamos viviendo el mayor boicot, simultáneo y global, ejercido por los consumidores en toda la historia. Un boicot del que es principalmente responsable la industria publicitaria (agencias, anunciantes y medios) con sus excesos, entre otros el abuso de formatos intrusivos o la aplicación de tácticas agresivas de tipo retargeting.

Un informe presentado por PageFair y Adobe, afirma que el 16% de los internautas norteamericanos utiliza sistemas de bloqueo de anuncios, los que representa un 48% más que el año anterior. Además, estima que los anuncios bloqueados supondrán una pérdidas de 10.700 millones de dólares para el negocio en este 2015. En el mismo estudio, en una encuesta realizada a 400 usuarios, estos afirmaban que lo que principalmente les motiva al uso de este tipo de tecnologías es que la publicidad les provoca distracción y la consideran demasiado intrusiva.

Sin embargo, para algunos anunciantes y agencias, los usuarios de bloqueadores de publicidad se han convertido en el segmento objetivo más deseado de la población digital. La idea de empujar a anuncios a usuarios que han hecho una elección deliberada de no verlos puede parecer extraña; pero al estar hablando, en líneas generales, de jóvenes con un sesgo muy acentuado hacia la tecnología, se convierten de facto en un público atractivo para ciertos anunciantes (videojuegos, gadgets, smartphones,…).

La semana pasada se confirmaba algo que muchos sospechaban, que algunas compañías como Adblock Plus – uno de los bloqueadores de anuncios más populares – no bloquea todos los anuncios, sino que cobra a empresas de publicidad y editores, para ser incorporados en una lista blanca.

Pero la clave está en que para ser incluido en esta lista blanca, además de un pago por el servicio, tanto las agencias como los anunciantes y los medios, deben cumplir unos compromisos muy exigentes, que las compañías bloqueadoras han consensuado con los usuarios.

En cierto modo, se puede establecer un paralelismo con otros modelos disruptivos que han surgido dentro de Internet: los taxistas protestando contra Uber o la industria hotelera levantada en armas contra Airbnb. Las nuevas empresas digitales amenazan los ingresos de aquellas que tradicionalmente controlaban ciertos nichos de mercados, y su única reacción es intentar denostarlas, destruirlas e impedir que desarrollen su actividad, cuando lo que deberían haber hecho es entender que estas nuevas compañías lo único que hacen es proporcionar lo que muchos usuarios demandan, en términos de precio y/o conveniencia.

La experiencia tradicional de anuncios no funciona en el mundo digital. La única salida para la industria de la publicidad (agencias, anunciantes y medios) es entender a los usuarios, y reconvertir su modelo de comunicación comercial para que sea aceptado en el ecosistema de Internet.

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