Hace unos años, pocos hubieran apostado porque se fuera a resquebrajar la hegemonía del posicionamiento en buscadores frente a los medios sociales, como la mejor vía para hacer llegar el contenido a las audiencias digitales. Pero está claro, los usuarios consumen cada vez más información en las redes sociales, y creen que éstas les aportan un contenido más afín con sus intereses e inquietudes que los tradicionales buscadores.

¿Estamos ante un nuevo paradigma? Obviamente si, ya que en este contexto cada vez tienen menos importancia cuestiones como el SEO o el SEM; y emerge el nuevo concepto del SMO (Search Media Optimizers – Optimización de Posicionamiento en Medios Sociales), al estar las redes sociales reconstruyendo toda su experiencia de usuario alrededor de uno de los pilares que en su día dio sentido a Internet: la búsqueda de información relevante a nuestros intereses.

Sin embargo, este nuevo escenario de las redes sociales, también tiene su lado oscuro, como ocurrió en el de los buscadores. Si bien los algoritmos de recomendación de contenido al usuario se basan principalmente tanto en su historial de navegación, como en sus gustos personales y en los grupos, círculos, personas, entidades o páginas que siguen; no es menos cierto que estas recomendaciones están condicionadas en gran medida de las inversiones que hacen las distintas organizaciones (marcas y medios editoriales)en posicionarse dentro del ecosistema social, en resumen dependen del modelo de negocio de la cada red social.

Si hasta hace poco, entre los gigantes digitales, la batalla por la audiencia se basó en lograr que cada vez más usuarios utilizaran un navegador concreto, para de esta forma tener cada vez un mayor conocimiento de su comportamiento en Internet; ahora el nuevo escenario, entre los gigantes digitales, es cautivarnos para que no salgamos de su plataforma, y que consumamos insitu la información, sin dilatados tiempos de carga del contenido, sin enlaces a otras páginas web, y, se supone, que sin abusos de monitorización de nuestro comportamiento mediante multitud de scripts, salvo, por supuesto, los propios de la red social.

Este nuevo escenario, con sus nuevas reglas del juego, exige a los hacedores de la comunicación y del contenido, tanto en su vertiente informativa como comercial, a evolucionar o a quedarse en el camino. ¿Dónde queda el rol por ejemplo para un curador de contenidos cuando este papel ya es asumido por las redes sociales que determinan qué quiero consumir y cuando lo quiero hacer?

Dentro de cualquier organización cada vez toma más fuerza el papel del Social Media Manager, cuya función principal es la de conocer, ejecutar y optimizar las mejores estrategias de marketing social, así como gestionar sus redes sociales y comunidades online (Twitter, Youtube, Facebook, Linkedin, …);  para conseguir que las acciones sean lo más virales posibles y poder alcanzar a sus audiencias objetivo.

Para los medios editoriales es esencial crear esta figura dentro de sus organizaciones, para poder jugar un papel relevante en este nuevo ecosistema y no depender, exclusivamente, de la dádivas que les quieran conceder los medios sociales, ya que, en caso contrario, se convertirán en sus esclavos y, ahora con el contenido, se volverá a repetir lo que les pasó cuando perdieron el control de la publicidad digital.

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